Región Norte Grande

Portal de Noticias para la Region Norte de Argentina.

Manuel Belgrano, la Bandera y el agro

Sección
Opinión
Fecha
20 de junio de 2008

Ulises Naranjo

La historia tiene mucho de leyenda, aunque el rigor científico de sus expertos se aboca justamente a eliminarlas. Vamos a una leyenda: dicen que en su lecho de muerte, las últimas palabras de Manuel Belgrano fueron “Ay, Patria mía”. Así podríamos comenzar esta nota, justamente con el legendario lamento belgraniano en días en los que una profunda crisis atraviesa la Argentina.

Son días sin brújula; días de encono, divisiones, carencias, mezquindades, soberbia, patoterismo y desesperanza. Sin embargo, en medio de esta ceguera, el único elemento unificador que se mantiene de pie bajo este cielo azorado es nuestra Bandera Nacional.

Belgrano murió el 20 de junio de 1820, en absoluta pobreza y soledad, muy enfermo a la edad de 50 años. Casi dos siglos después, si la leyenda es cierta, diría: “Ay, Patria mía” al darse cuenta que los errores de los primeros días y otros que aprendimos después, siguen constituyéndonos como país.

Unos y otros, gritan sordos y ciegos desde su lugar, pero unificados bajo los colores de la enseña. Hoy es el “Día de la bandera” y, en su nombre, nos abrimos a la necesaria reflexión respecto de la suma de errores que estamos cometiendo.

Argentina, te quiero

Sirve para poner colores al país y darnos carga simbólica, pero también, nuestra bandera entre otras cosas, para cortar una ruta, evitar una demolición, hacer un paro, manifestarse en la vía pública, alentar a un equipo, envolver un féretro, adornar un balcón, hacer publicidades, llevar a cabo revoluciones y golpes de estado y enfrentar y defenderse de las fuerzas públicas.

A diferencia de otros países en los que ante los conflictos regionales afloran con prepotencia las banderas regionales, en el nuestro flamean siempre los mismos colores. Esto nos alienta como Nación, pero a veces también nos confunde, porque, en muchas ocasiones de la historia, intereses ominosos y siniestros se han enarbolado bajo sus paños.

Manuel Belgrano conoció estos menesteres. De hecho, el mismo día en que murió se desató una anarquía semejante a la que intuimos estos días, llegando a jurar tres gobernadores en el mismo día. Nosotros también conocemos esos menesteres, pues tuvimos nada menos que cinco presidentes en apenas una semana…

Banderas y cacerolas

A fuerza de dos puebladas en tres días y bajo el halo de la bandera y con música de cacerolas, el escenario político argentino parece haber vuelto a cambiar. Si somos hábiles para tomar lecciones de historia, estos acontecimientos nos pueden servir para tomar la excusa de las retenciones a las exportaciones agrarias en la pampa húmeda, para hablar de una buena y directa vez del federalismo. O mejor dicho: de la falta de federalismo que se padece en provincias como Mendoza.

La ocasión sirve para que nos demos cuenta de que, desde nuestro lugar, hay cosas por las que luchar, más allá de seguirle el juego a los productores de la pampa húmeda: el decaimiento y la desatención en las economías regionales, la situación de los pequeños y medianos productores, el estado de las finanzas provinciales, el federalismo que nos mereceríamos tener y, en el caso mendocino, la provincia que queremos tener, al menos, de aquí a diez años.

Cacerolas y banderas, gente en la calle. Y aclaremos que ya no se trata del “que se vayan todos” del 2001, sino de la exigencia de un salto de calidad institucional y de la revisión de una manera de hacer política y de un modo de concebir la idea de república.

En estos días, aciagos, estamos viendo lo peor y lo mejor de lo que somos. Vemos lo peor de las arremetidas centralistas oficiales y hasta despóticas y las conductas altaneras de unos y de otros que paralizan el país y, no obstante, también vemos el deseo de participación comunitaria: la gente en la calle, siguiendo intereses diversos, pero participando activamente.

Todos parecen estar en la calle, en veredas distintas. Y todos agitando la bandera y todos gritando lo mismo: “Ar-gen-ti-na, Ar-gen-ti-na”.

Víctimas y victimarios

Cuentan los historiadores que el primer libro de Economía que se publicó en América del Sur, fue una traducción de Manuel Belgrano (“Principios de la Ciencia Económica y Política”), quien, estudió en Salamanca, Valladolid y Buenos Aires y a los 24 años ya era un erudito políglota y, para varios, el economista más destacado de América del Sur.

En ese libro, Belgrano destaca la debida distribución de las riquezas y también el perjuicio que ocasionan tanto los monopolios como las ideas absolutas. El prócer no concebía la economía sin la política y sin la igualdad social como estandartes. Quería, como escribió un “desarrollo económico armónico y autónomo”.

Pues bien, en eso estamos General Belgrano, en lo mismo. En un nuevo aniversario de su muerte y también en el cumpleaños de nuestra Bandera Nacional, debemos confesarle que hemos aprendido poco, casi nada.

Y que somos tan víctimas como victimarios del dolor que subyace en la frase del día: “Ay, Patria mía”.

Enve esta noticia a un amigo

Puede enviar la noticia a varias personas separando las direcciones con comas.

Desarrollado por 27Sur