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Martes 17 de octubre de 2017

Qué es el socialismo del siglo XXI

Sección
Opinión
Fecha
16 de junio de 2017

Giovanni Meza Dorta *

Cómo se regenera el viejo marxismo luego del fracaso de la Unión Soviética.

Los primeros pasos

La influencia del socialismo en el siglo XX ha sido decisiva. Diversos movimientos colectivistas con predominio marxista, comunista, anarquista o socialdemócrata, han dominado la escena internacional. Sin embargo, el más reconocido de todos, el que se autoproclamó socialismo científico, recibió fuertes críticas al inicio de su partida de nacimiento, a finales del siglo XIX. Seguramente, creyeron sus críticos que al despojar de cientificidad a esa doctrina, todo el edificio se vendría abajo, pero las cosas no ocurrieron exactamente así. Veamos.

Marx estableció, que el valor de las mercancías correspondía con la cantidad de fuerza de trabajo para su producción. O sea, una mercancía con poco trabajo acumulado tendría menor valor, al contrario, la misma mercancía con mayor trabajo acumulado, obtendría mayor valor.

La escuela austríaca de economía, a través de la teoría de la escasez relativa, contradijo los preceptos marxistas y explicó, que muchas mercancías con menor incorporación de trabajo pueden tener más valor, que otras con mayor cantidad de trabajo. Caso común en esta crítica, serían los cortes de carne vacuna, cuyos precios varían hacia arriba por la escasez y demanda del producto y no por el trabajo que realizan en los cortes. Más aún, mucho después, un notable autor marxista Paul Sweezy, excluyó de sus análisis la teoría de la plusvalía y habló de excedente económico. Ahora bien, como era natural, al criticar la propuesta de la plusvalía se ponía de lado la teoría de la explotación capitalista, cimiento fundamental de toda teoría socialista.

Además, el propio Engels en 1895, en el prólogo al libro de Marx, la lucha de clases de Francia, advertía que las nuevas revoluciones no podían ser de las barricadas, sino las del sufragio, que habían posibilitado un incremento de los socialdemócratas a finales del siglo XIX, a razón del 20% cada cinco años. Se producía así, desde el propio seno del marxismo una crítica a la lucha de clases, como propuesta de acceso al poder por parte de los trabajadores. Propuesta que va a ser bandera de la segunda internacional y la socialdemocracia.

Y desde la filosofía, el marxismo también es objetado. Karl Popper, antiguo marxista, afirmaba que una ciencia para llamarse tal necesitaba que sus conceptos puedan ser falsados o contrastados por la realidad empírica. Por el contrario, en el marxismo las categorías y conceptos son totalizantes en el tiempo y espacio y en consecuencia no son falsables por la realidad, por tanto no pueden ser científicos.

De tal modo, que la teoría más elaborada del socialismo, había sido socavada en sus tres esferas relevantes: la economía, la política y la filosofía.

No obstante, el socialismo tuvo una revancha en 1917 con el triunfo de la revolución rusa, ratificada y expandida luego de la segunda guerra mundial, con su hegemonía en la mitad de Europa. Al momento de la implosión y caída del muro de Berlín, más de 30 países en el mundo se encontraban bajo los auspicios o dentro de la órbita soviética.

Avances y retrocesos del socialismo

Con la caída del muro de Berlín en 1989, se viene abajo todo el sistema socialista conocido (con excepción de Cuba y Norcorea) y se pregona el triunfo del liberalismo sobre el socialismo existente. Este fue el punto central de un libro conocido de F. Fukuyama: El fin de la Historia. Sin embargo, los hechos rebasaron los aspectos académicos y políticos que hemos señalado.

“Hemos analizado el sistema socialista desde el punto de vista teórico y a la vez práctico, pero el socialismo es más que eso, es una religión atea y es más poderosa que la ciencia, porque se construye dentro del imaginario de las personas”.

A tales fines, me voy a valer de una anécdota personal; el año 1990 se produjo una conferencia en Caracas, con el propósito de evaluar lo sucedido tras la caída del muro de Berlín. Entre los invitados se encontraba el profesor Juan Nuño (español-venezolano). Después de su intervención en la que criticó al sistema socialista, expresó una frase inquietante: “El sistema ha fracasado, pero puede volver con más fuerza que antes”. El auditorio alterado por semejante paradoja inquirió al profesor, a lo que éste respondió: “Hemos analizado el sistema socialista desde el punto de vista teórico y a la vez práctico, pero el socialismo es más que eso, es una religión atea y es más poderosa que la ciencia, porque se construye dentro del imaginario de las personas”.

A lo que prosiguió nuestro profesor colocando el siguiente ejemplo, entre religión y socialismo:

“Pueblo elegido = Clase proletaria; Redención = Revolución; Paraíso terrenal = Sociedad sin clases; Iglesia = Partido comunista; Evangelio = Materialismo dialéctico”.

A lo que podríamos añadir nosotros, según Mateo 5:3. “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”; al igual que Lucas 18:25 “es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entre un rico en el reino de Dios”.

Ciertamente, este aspecto religioso coincide con temas socialistas y ha sido aprovechado por este movimiento en su proselitismo político. Por supuesto, podríamos advertir que el socialismo contradice la tesis cristiana del libre albedrío. Pero esta discusión nos apartaría de nuestro tema principal.

Socialismo Latinoamericano

Es momento de volver los ojos a Latinoamérica. El siglo XX dejó en este continente líderes fundamentales que lucharon por las causas populares. La resistencia contra las dictaduras militares, logró las simpatías hacia dirigentes socialistas de todas las corrientes. Aquí nos encontramos con un punto importante a favor de la propuesta de estas corrientes, referimos a la moral, abnegación y honestidad en la lucha, que desplegaron militantes y jefes de grupos, ocasionándoles prisión y muerte. En suma, la bandera socialista en Latinoamérica, en el siglo XX, fue de una moral a toda prueba, lo que resultó en la admiración, inclusive, de sus adversarios políticos. Todo ello nos lleva al socialismo del siglo XXI. Proyecto que modificó sustancialmente lo visto en este párrafo, acerca de la moralidad y abnegación por parte de sus dirigentes.

Socialismo del siglo XXI

El plan creció ante el fracaso de la lucha armada de diversos grupos insurreccionales. Su comienzo se ubica en 1990, a proposición de Lula da Silva, con la idea de favorecer la lucha electoral y asumir en el poder a los sectores afectos a los principios colectivistas. Luego Chávez el 30 de enero de 2005, en el V Foro Social mundial, lo llamó el socialismo del siglo XXI, a la par que Heinz Dieterich quien escribió un ensayo con ese nombre, en cuyo contenido no hay nada nuevo, que no fuera conocido por viejos autores marxistas. Lo realmente novedoso y, en lo que no se ha hecho suficiente énfasis, fue lo que advertimos en el párrafo arriba, relativo al cambio en la moral de estos nuevos dirigentes. Se consolidó un poder para el robo y la perpetuidad del gobierno, a lo que mejor debería llamarse “Latrocinio del siglo XXI”. El caso venezolano a este respecto, es emblemático: 7 millones de hectáreas expropiadas, 1.400 empresas privadas expropiadas, 15.000 industrias cerradas, inflación de más del 1.000%, contracción del 20% en los tres últimos años, desabastecimiento del 90% al 100% en algunos productos, pobreza del más del 80%, control de cambio desde el 2004, con el propósito de excluir a empresas privadas, que no avalen coimas y sustituirlas por las llamadas empresas de maletín, dispuestas a la sobrefacturación de pedidos con la finalidad de enriquecimiento a cargo del presupuesto nacional.

Todo ello configura una confiscación a la mayoría del pueblo venezolano y explica la emigración de más de 2.000.000 de ciudadanos.

Desde el punto de vista político significa una mutación novedosa hacia la dictadura, cuyo procedimiento establece elecciones periódicas, bajo un control total de la institución electoral (apéndice del gobierno), con el fin de poder acomodar resultados a su antojo, hasta que tal procedimiento le sea inútil en la preservación del poder, como es el caso venezolano hoy. El primer paso para la mutación hacia la dictadura, fue la modificación constitucional, cuyo fin fue alterar la alternabilidad republicana y en consecuencia hacerse de la perpetuidad en el poder. Se copan así, todos los espacios del estado, para que aquellos cambios aparezcan legítimos. Caso aparte merece el presidente Maduro, llamando a una asamblea constituyente. Lo disparatado y absurdo de esta propuesta nos hace pensar que es una mixtura de los soviets rusos de 1918, con la carta del laboro de Mussolini de 1919.

Casos similares de este socialismo del siglo XXI, se han producido en la revolución nicaragüense, en la revolución ciudadana del Ecuador y en la sociedad plurinacional de Bolivia, sin olvidar el intento fallido en Argentina, ¡pero cuidado!

Lo más sorprendente de todo el escenario comentado, es cómo países políticos democráticos, instituciones públicas y privadas no hayan respondido adecuadamente a un proceso sistemático de alteración de las bases republicanas de los países latinoamericanos. Esperamos que esto cambie para bien de las generaciones futuras.

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