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Jueves 20 de septiembre de 2018

Carne: El fin de un mito

Sección
Opinión
Fecha
17 de agosto de 2018

Luis Fontoira

En el último año, la suba de precios de la carne vacuna en carnicerías y supermercados fue inferior a la inflación general. Al mismo tiempo, crecieron fuertemente las exportaciones y se consolidó el consumo interno. Los precios en los mostradores, incluso, se incrementaron mucho menos que los de otros alimentos, como el pan, la harina, el filet de merluza, los huevos, la lechuga o la yerba mate.

“¡Qué cara que está la carne!”, una frase clásica entre las amas de casa que regresan de la carnicería o del supermercado, perdió actualidad en los últimos años, en un contexto inflacionario y de bolsillos flacos en los que se pierde la noción de los valores pero en el que sin embargo la carne vacuna se mantuvo claramente por debajo del índice general de precios.

“No se puede decir que la carne sea barata, porque lo caro o lo barato depende del ingreso de cada uno, pero sí que la carne sigue siendo un alimento accesible para los argentinos”, sostuvo Ulises Forte, Presidente del IPCVA. “Además, como todos sabemos, comparada con otros alimentos, es rica, nutritiva y rendidora. Con un kilo de milanesas come una familia”.

Tomando el período junio 2017-junio 2018, la los distintos cortes de carne vacuna registraron un aumento promedio del 24,5%, mientras que el índice general de precios se ubicó por encima del 30%.

Yendo específicamente al rubro alimentos, las subas en carne vacuna estuvieron por debajo de otros alimentos esenciales, como el pan (42%), la harina (96%), los fideos (51,7%), el filet de merluza (35,9%), el aceite (38,4%), los huevos (56,3%), la lechuga (65,9%), la yerba mate (34,1%) e incluso el pollo (32,5) el principal alimento “sustituto” de la carne vacuna.

“Esto explica claramente que el consumo de carne en el mercado interno sea estable e incluso haya incrementado en los últimos meses, mientras que la demanda de otros alimentos se retrajo”, explicó Forte.

La misma comparación, con resultados similares, puede hacerse con otros alimentos, que podrán no ser esenciales pero que forman parte de la canasta de compras de una familia promedio, como por ejemplo la cerveza, que aumentó un 31,1%.

Todo esto sin mencionar los aumentos de bienes y servicios que se registraron en el último año, impactando las economías familiares, con incrementos significativos en electricidad, gas, nafta o los pasajes en colectivo o subte.

Consumo vs. exportación

“La situación actual derriba definitivamente un mito arraigado en la sociedad y también, lamentablemente, en algunos ex funcionarios que cerraron o restringieron las exportaciones con el argumento de que las ventas externas hacían subir los precios en el mercado interno”, agregó Forte. “Este último año crecimos fuertemente en exportaciones, a punto tal que volvimos a ser un jugador importante a nivel internacional, y los precios del mercado interno, como ya dijimos, se mantuvieron por debajo de la inflación”.

Los números, son elocuentes. Las exportaciones de carne vacuna –con el “fenómeno China”, a la cabeza- crecieron en volumen un 63% en el primer semestre del 2018 y el consumo interno, en ese mismo período, también aumentó un 2,5% (de 55,8 kg a 57,2 kg/hab/año).

“Lo que ocurre –continuó Forte- es que las exportaciones son complementarias. En líneas generales a Europa le vendemos los cortes premium, a Chile e Israel los del cuarto delantero, a China los garrones, brazuelos y cogotes de vaca, y nos quedan a los argentinos, ‘de clavo’ –ironizó-, el asado, el matambre, el vacío y la cuadrada, que son los cortes que más consumimos y más nos gustan.

“Es decir que mientras más carne se exporte, más disponibilidad de esos cortes va a haber en el mercado interno, a precios razonables, mientras que la política anti-exportadora de la década anterior prácticamente destruyó a la cadena de ganados y carnes”, concluyó.

Si las previsiones para este año son correctas la Argentina exportará en 2018 unas 420.000 toneladas de carne vacuna, cerca de un 15% del total producido, acercándose al 80-20 (80% de consumo interno y 20% de ventas al exterior) que reclama la cadena de ganados y carnes como punto de equilibro.

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